Durante años, la fama parecía tener un recorrido muy claro: cine, televisión, radio, revistas y, con suerte, campañas publicitarias. Hoy ese camino ya no es el único, y para muchos jóvenes ni siquiera es el principal. Los nuevos referentes aparecen en TikTok, YouTube, Twitch o Instagram; hablan desde su casa, convierten su rutina en contenido y construyen comunidades enormes sin haber pasado antes por un casting, un plató o una redacción. Ese cambio no es menor. Está transformando la forma en la que entendemos la notoriedad, la influencia y, sobre todo, la comunicación.
La gran diferencia no es solo quién es famoso, sino desde dónde se construye esa fama. Antes, el acceso a la visibilidad dependía de estructuras cerradas: productoras, cadenas, estudios, emisoras o grandes cabeceras. Hoy una parte muy importante de esa atención nace en plataformas digitales, donde el algoritmo puede impulsar a una persona anónima hasta convertirla en fenómeno de masas.
Ese cambio conecta directamente con cómo consume información y entretenimiento la audiencia joven. El Digital News Report 2025 del Reuters Institute señala que el vídeo social sigue creciendo como puerta de entrada a la actualidad y que muchos jóvenes se relacionan con los contenidos a través de plataformas y creadores antes que por medios tradicionales.
Una de las claves del fenómeno influencer es la sensación de proximidad. Las celebridades clásicas solían aparecer en contextos más lejanos, más editados, más inaccesibles. En cambio, los creadores digitales han construido su valor precisamente en lo contrario: cercanía, frecuencia, lenguaje cotidiano y una relación mucho más constante con su comunidad.
Eso ayuda a entender por qué funcionan tan bien entre la Generación Z. Según el Estudio de Redes Sociales 2025 de IAB Spain, un 40% de los usuarios considera fiables a los influencers que sigue, siete puntos más que el año anterior, e Instagram se mantiene como la plataforma preferida para seguirlos, con un 69%.
La respuesta más interesante probablemente sea: depende. Algunos influencers ya ocupan un lugar muy parecido al de la celebridad tradicional. Otros, en cambio, no buscan una fama masiva, sino una influencia más concentrada, más fuerte y más rentable dentro de un nicho concreto.
Ahí está uno de los cambios más profundos del ecosistema actual. Hoy no siempre manda quien llega a todo el mundo, sino quien conecta muy bien con una comunidad concreta. Eso explica por qué la creator economy se ha convertido en una pieza central del marketing y la industria cultural. Forbes la describía en 2025 como una fuerza global de 250.000 millones de dólares, cada vez más importante para construir confianza y crecimiento de marca.
En España hay ejemplos muy claros de esta transición. Ibai Llanos se dio a conocer en internet y hoy es una de las figuras con mayor capacidad de convocatoria del ecosistema audiovisual español. Su evento La Velada del Año V volvió a batir en 2025 un récord mundial en Twitch, con 9,33 millones de espectadores simultáneos, una cifra que lo sitúa en un nivel de impacto difícil de comparar incluso con muchos formatos televisivos clásicos.
En otro registro, Aida Domènech, Dulceida, ha pasado de ser una influencer pionera a convertirse en protagonista de productos audiovisuales propios en Prime Video, primero con Dulceida al desnudo y después con Dulceida 2+1, centrado en una nueva etapa personal y familiar.
También María Pombo ha consolidado su salto al audiovisual con varias temporadas de Pombo en Prime Video, una docuserie que ha convertido la exposición digital en un formato de consumo estable dentro de una gran plataforma.
En una línea parecida, Marta Díaz ha protagonizado primero La vida de Marta Díaz y más recientemente Siendo Marta Díaz, ambas en Prime Video, lo que refuerza la idea de que algunos perfiles nacidos en redes ya no orbitan alrededor de la industria audiovisual: forman parte de ella.
Y el caso de Lola Lolita también es significativo. Nacida como creadora digital, ha entrado en formatos televisivos de máxima visibilidad como El Desafío de Antena 3, donde compitió en 2025 y regresó como invitada en 2026.
Lo que diferencia a muchos creadores actuales no es solo que sean famosos, sino que han aprendido a transformar su visibilidad en negocio. La fama digital no vive solo del aplauso: vive de colaboraciones, eventos, contenido de marca, documentales, productos propios, licencias y comunidad.
Por eso hoy comunicar bien ya no es solo “caer bien” o “tener carisma”. También implica entender plataformas, formatos, tono, narrativa, estrategia y monetización. La economía creadora ha normalizado que una persona convierta su identidad pública en una empresa personal, y eso ha cambiado la relación entre notoriedad y profesión.
Otro cambio importante es que los influencers no ocupan solo el espacio del entretenimiento. También recomiendan, interpretan tendencias, opinan, condicionan consumos y a veces incluso median en la conversación pública. Para muchos jóvenes, una idea, una polémica o una marca entra antes por un creador que por un medio tradicional.
El Reuters Institute viene insistiendo en que los públicos jóvenes consumen cada vez más información y actualidad a través de vídeo social y contenido impulsado por creadores. Eso no significa que los medios desaparezcan, pero sí obliga a asumir que la autoridad ya no se construye solo desde los canales de siempre.
Hablar de influencers no es hablar solo de redes sociales. Es hablar de audiencias, narrativas, reputación, marca personal, plataformas, formatos y consumo cultural. En otras palabras: es hablar de comunicación en su versión más actual.
Por eso estudiar Comunicación hoy exige entender tanto los medios tradicionales como este nuevo ecosistema donde conviven prensa, radio, televisión, plataformas y creadores digitales. Ahí está una de las claves del enfoque con el que se trabaja en el Grado en Comunicación de la UNAM: comprender que el sector ya no se limita a los canales de siempre, y que formar parte de la industria implica saber leer un panorama mucho más híbrido, dinámico y competitivo.
Quizá los influencers no hayan sustituido por completo a las celebridades clásicas, pero sí han cambiado la forma en la que se construye la visibilidad. Hoy la notoriedad puede empezar en una habitación, crecer desde una comunidad y terminar convirtiéndose en un formato audiovisual, un negocio o una marca global.
Ese cambio explica mucho sobre las nuevas generaciones, pero también sobre el presente de la industria. Porque entender quién capta atención, cómo la mantiene y por qué genera confianza ya no es una simple curiosidad cultural. Es una de las claves para entender la comunicación de nuestro tiempo.